viernes, 30 de enero de 2015

CCLXXXVIII

La sensibilidad como etiqueta.
A menudo me lo dicen: eres un chico sensible. Y os prometo que me halaga recibirlo. Creo que la etiqueta responde a la imagen pública, a la manera que tengo de volcarme en el poema, eligiendo no tapar nada. 
Pero luego esa etiqueta se extiende como la mermelada en el pan de la mañana, y si entro en la terna de solteros de ciudad, paso de ser sensible, a ser Aquaman en un entorno dominado por tipos duros tipo Logan, con toda esa carga dramática y la testosterona a punto de romper. Ombligos de hombres que mantienen a raya a mujeres que se mueren por sus huesos, tan edición especial, que están dispuestas a todo por vivir un amor inflamable.
Los miro desde mi cara angulosa, mis piernas tipo mantis, desde la ausencia de cuartos traseros. 
Medio kilo de poema y una tendencia a pasar desapercibido. 
Así es imposible como podréis imaginar. Mi índice de popularidad en el amor baja mes a mes. Lo certifico cada día 7 con un dolor de poema.
Eso sí cuando me toca subirme al escenario cambia la historia y soy otro. Las tablas me dan lo que la vida me esquiva.


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