viernes, 25 de diciembre de 2015

212

Poco tiene que ver con el aplauso. 
En el reino de las tablas sobran egos, unilateralidad.
El que lo probó lo sabe. 
No hay nada comparable a ese preciso momento en el que fluye la realidad de la escena como única realidad posible. Ese instante es lo más parecido a la magia, la intensidad, 
el punto más alto de vínculo entre dos cuerpos.


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