martes, 8 de diciembre de 2015

200

Os recomiendo que no escuchéis música mientras leéis, más si vais montados en el búho, son las 5 de la mañana y la novela os tiene enganchados. Es un cóctel del que saldréis ralentizados y probablemente desayunando por accidente en algún lugar intermedio entre Atocha y Cibeles una hora y pico después, tras haber hecho el trayecto de ida y vuelta un par de veces.
Lo bueno de la literatura y la música clásica, es que limpian tu mente de pensamientos circulares, casi siempre opresivos y absurdamente dramáticos y todos aquellos que terminen en áticos, como románticos, que como podréis comprobar tienen una relación con la altura y la necesidad de alcanzarlos.
Pues eso, tres hurras por la literatura y Bach.
Aunque dicho sea de paso se me ocurrió hacer el ultimo trayecto desde la parada de autobús a mi casa, libre de libro y cascos y el día me golpeó con toda la fuerza acumulada de la noche y ese pensamiento asociado a tu imagen que llevaba 24 horas intentando tapar, solapándose a mi cuello como un ganglio.


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