martes, 8 de diciembre de 2015

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Y llega el día en que te das cuenta que la ciudad es la misma que ayer. Los programas de reinserción no pueden hacer nada por ti. Y te planteas cambiarte las horas, escribir como un ermitaño, olvidarte de los pronombres o viajar, pero ninguna de las opciones es compatible con la variable realidad. La situación se agrava todavía más desde que la filosofía no es materia importante en los planes de estudios, y para colmo, la chica de la mesa de enfrente te mira como si fueses una papeleta de un grupo político minoritario.


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