domingo, 15 de noviembre de 2015

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El recitador, cambiapalabras, estiramaneceres de hoy en día. El que escribe y modifica la mirada, el instante o la odiosincrasia de este mundo. El poeta de hoy, de ahora, ese. Que se deja caer allí donde le ofrezcan un micro y 19 sillas. Que rara vez cobra o a lo sumo le pagan con aplausos.
Se tira las horas vivas ( según la magnitud de la estrofa) investigando, imaginando, pisando más allá de la línea de los mundos y la muerte. Pero mira tú por donde, su arte no tiene consecuencias económicas. Ya sea el público múltiplo de diez o igual a cero, como regla general no se lleva un duro de los dueños de las tabernas/ pubs/ cafés/ templos/ bares. Los activistas culturales, la ciencia y la fe, los cuervos y las plantas, lo saben. Pero nadie hace nada por los nadies.

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