viernes, 10 de julio de 2015

98

El contorno de su voz era como una cascada 
que golpeaba la distancia y los pronombres
Decía cualquier cosa
y los minutos se contaban la espalda
en el intento de aproximarse a cada matiz
Creerme si os digo que por entonces 
existían los dragones 
y la propiedad conmutativa de los sueños
Que era primavera la primera luna de enero
y los gatos siempre sabían volver
Su melena era un desarraigo formal 
o ese principio de bosque
por donde perder los ojos y el alba
Solía decirme ven 
y yo me cruzaba de lado el horizonte,
como si fuese un semáforo sin oposición de fe.

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