domingo, 17 de mayo de 2015

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Hace unos días escribí que entrar a la sección de poesía de la Central o la Casa del Libro es como pegarse un tiro en el pie, por la colocación estratégica de los best seller que lo petan hoy en día. 
Fue una reflexión por encima, de la que quiero exponer la versión extendida. 
El día en cuestión estaba en la sección de poesía de la Central, buscando dos poemarios de dos poetas a los que conozco y admiro, de los que he leído mucho y muy bueno. 
Después de estar casi una hora tropezando con los mismos poemarios barra bar, barra voy a buscar el camino más corto del lenguaje, barra el tema es el mismo siempre, barra la experimentación se la dejo a otros, barra pero qué de seguidores y seguidoras, barra, jarra, barra twit, barra nenas derretíos, nenes tomar apuntes de lengua, cama, copa y yo..me di por vencido.
Fui a un amable trabajador de la Central, al que deletreé el nombre de la mujer y el hombre y de sus respectivos poemarios, para que me los pidiese a las editoriales, y asistí estupefacto a la escena de cómo hacía que buscaba, dando mamporros en las teclas, mientras ofrecía una pésima actuación, diciéndome que ya estaban reservados. Respiré, hice una pausa larga y le pregunté los nombres de los autores y sus respectivos poemarios. Empezó a balbucear y a decirme los nombres incompletos, así que me di media vuelta y me piré. En mi camino hacia las escaleras, me dieron ganas de llevarme los 60 best seller y repartirlos en el próximo viaje que haga a Cádiz, en cada una de las estaciones de servicio, para que figuren junto a los cds del Koala o Camela. Fin.

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