miércoles, 11 de febrero de 2015

ONE

Huyo de lo explícito en el amor y en el poema. Prefiero el susurro cargado de intención o esa calma tensa que precede a la imagen. Que nunca sepa de dónde viene la flecha.
Si acaso una ráfaga intermitente que arrase mis hombros de ciudadano, cuando al tercer semáforo nada coincida y me vea corriendo de un portal a otro, justo antes de comprobar como tus 80 pestañas por párpado, han sido más que suficientes para alterar el ritmo de las calles.

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