sábado, 7 de marzo de 2015

EIGHT

Esperando, en una cafetería que por azar o conveniencia encontré mientras caminaba por una acera de Madrid. 
Un sitio acogedor, con sus sillas de madera y mimbre y aquel olor característico de café recién hecho y bollos del día. Pido un Rooibos y saco la novela que estoy leyendo. Me preparo para degustar el sabor exótico del te, mientras devoro las últimas páginas de la historia. 
La sensación de bienestar me dura cinco minutos, al escuchar las conversaciones que me invaden, procedentes de las mesas colindantes. 
Conversaciones vacías, artificiosas, torpes, materialistas, llenas de palabras perfumadas, altivas, marcianas conversaciones, ajenas a la escalera social que coexiste al otro lado de la puerta de entrada. 
Aquí los problemas son otros, tan lejanos y diferentes, que por un momento me ha entrado el miedo y la angustia propias del que se siente atrapado.

Cierro el libro, me guardo las páginas, las acaricio levemente mientras pido la cuenta y encauzó mis pasos hacia la salida. 

Mi destino es el sur.

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