lunes, 14 de marzo de 2016

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El mundo es un paladar podrido de poder, de cuerdas que nos bailan, sin sentido. 
Aquí no lucha nadie, porque nada es más terrorífico que ceder parte del todo. 
Y el todo es el idioma de las sociedades del futuro, el ala ancha de lo que ansiamos por encima de nosotros. Nos hacen así, solo así se comprende el hastío, la no respuesta, el silencio repetido. Solo así se mantiene erguida una estructura como la nuestra.
La fiera del primer mundo que fabrica aspirantes a la Casa Blanca con peluquín, que hablan de su polla gorda, discursos que ya no nos asustan, ni tan siquiera nos provocan el vómito.

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