lunes, 14 de marzo de 2016

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Nunca os digo, nunca, bajo ningún concepto barra probabilidad barra inconsciencia os compréis un café para llevar sin el protector de manos.
¿ Qué es un protector de manos en la idiosincrasia de los cafés para llevar? 
No es ni más ni menos que un trozo de cartón dispuesto a lo ancho del diámetro del mismo, ideado con el objeto de salvarte de las quemaduras de tercer grado.
Pensaréis: ¿ qué hace este individuo contándonos esto?
Y yo, amablemente con mi mano sana os respondo:
Iba cargado con una mochila de gimnasio repleta, más una bolsa con artículos que había comprado en un hipermercado, es decir, cero manos libres, y se me ha ocurrido comprar un café para llevar. 
Ante la pregunta de la chica que me atendió: ¿ quiere la leche caliente? Yo respondí: sí y solo si, sin saber que me estaba jugando el tipo. 
Dos minutos después, cargado como Tom Hardy en el Renacido mientras bajaba las escaleras del metro, se ha empezado a salir el café, resbalando mansamente por mis dedos y mis pantalones de chandal. No os imagináis la sensación tan guapa de querer tirar todo, gritar y no poder hacerlo porque el metro estaba llegando a la estación.

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