jueves, 18 de junio de 2015

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Veo montañas de estatus, millones de formas de comunicarse en la distancia
hay una invasión 
de palomas pixeladas en 
la gran ciudad.
En 1994 había muchas menos.
Nos contábamos las historias a la cara y existían las cabinas de teléfono para hablar una vez por semana con la novia con la que habías pasado el verano. 
Nos mandábamos cartas y ensayábamos besos en los portales. 
Quedábamos a una hora, sin mensajes.
Pero el amor era igual de hijo de puta que ahora y solía reventarte las entrañas cuando menos te lo esperabas, mientras tú pensabas: de esta aprendo, la próxima no me pasa.


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