sábado, 3 de noviembre de 2012

CXLXXXIX

A veces la Dama Blanca
con su muñeca abierta y los ojos insondables,
con el silencio prendido de los hombros
no es responsable, no lo es
porque en su cuaderno no estaban esos cuatro nombres

En la calle
a luz de vida, están los que firmaron las sentencias
los que jugaron con la vida ajena, mientras contaban dinero
con las manos manchadas de sangre

Deberían caer uno tras otro como fichas de dominó,
todos responsables

La muerte sólo hizo el trabajo sucio,
acudiendo a la señal luminosa de una bengala encendida.

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