martes, 20 de noviembre de 2012

CXCIII

Tal como hoy
el cielo era una sombra
de silencio,
una ceguera insistente

Musashi se adentraba en el bosque,
lugar donde solía equilibrar
la mente y las manos
empuñando la espada

A su derecha la muerte inseparable,
amante y fiel maestra
de sus días.

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