domingo, 14 de septiembre de 2014

LXXXII

Prueba a estirar la comisura de los labios,
que brote la sonrisa y el idioma restante 
sea una liana eléctrica que te conecte con el entorno.

Hay una ciudad allí, un vaivén de niños jugando a la rayuela de los sueños.

LXXXI

La vida me ha hecho temer dos cosas ( bueno tres en realidad): 
el dentista, conducir un coche y las despedidas a pie de tren, 
autobús, avión o cualquier medio de trasporte. 

Esto último es algo que llevo fatal. 

El día en que me voy o se va, el día en que nos vamos o se van, 
ese día estoy taciturno, insoportable, gris. 
Me apago como las bombonas de butano ante un soplo de tiempo, 
frunzo el ceño y hablo solo lo indispensable, prefiero escribir, solo escribir, solo escribir...

LXXX

Sigo aprendiendo, me observo
busco en el idioma 
la palabra exacta

intento no repetirme, 
lucho contra los fantasmas 
que se fueron y vuelven 

nota a pie de página: 
el equilibrio mental
es una utopía

paso de cero a cien
en dos segundos

es fácil tumbarme
es fácil hacerme caer,
hay algo dentro de mí 
que pugna
por desvirtuarme de mi cuerpo

pero después del suelo
vuelvo a nacer

la reinserción en la sociedad
suele prescribirme
dos semanas
de ayuno en los espejos

no te mires dicen
las murallas,
quédate en el marco
haciendo pruebas de voz

y me quedo
un mes, dos años
observo los enlaces bivalentes

me enamoro de las mujeres
de mi entorno, me acerco
las hablo a los ojos, lo intento
quizás equivoco la expresión

pero no suele suceder nada,
la ciudad está llena de momentos como este,
en los que

ya no sé si soy un hombre
o un cacho de pan.

LXXIX

Hay que destapar la belleza en el momento exacto,
no cuentan las palabras pretenciosas como anclas, 
el tesoro amanece cuando quiere, es preciso no olvidarlo.

LXXVIII

Abrir puertas 
palpando cada grieta
en paz con el surco de los años 
y la frente enfocando 
lunas nuevas.

LXXVII

Reír como si la risa fuera el idioma
y las huellas al borde de la orilla, 
la única certeza del paso del tiempo. 

Nos comunicamos de labio a piel, de verso a música 
como si vivir fuese esto: un perfecto estado de alegría.

LXXVI

En un acantilado de la playa
hay una pintada que dice: 
siempre es siempre 

la suelo ver desde el mar
mientras nado o sonrío, 
con esa certeza de 
que volveré aquí 
muchas noches
a seguir escribiendo 
poemas como este.

LXXV

Aquí las casas tienen
nombre de mujer, 
las miramos desde fuera 
resaltando las vocales
a la vuelta de la playa.

LXXIV

Ayer cenaba en una terraza con mis padres, mi primo y mi hermano.
Apuraba una cerveza mientras esperábamos que nos sirviesen una pizza.
Irrumpieron dos niños por el flanco izquierdo.

Al principio solo me detuve a escucharles de refilón, me dio la sensación 
de que jugaban al fútbol, pero no escuchaba el balón, así que me giré a mirar...

¡Estaban jugando al fútbol sin balón!
Sonreí, acordándome de mi maestro y mis compañeros de teatro.

Una vez más quedó claro que el único elemento indispensable en la creación, es la imaginación.

LXXIII

Cada vez más oscuro y más difícil este mundo, en el que opinamos de una guerra 
donde mueren otros a miles de kilómetros de distancia.
Se comparten los vidrios ( sí, digo vidrios y no vídeos) de matanzas, para luego enlazar trending tópicos de arengas cuasi militares, desde nuestro refugio de primer mundo. 

No sirve de nada la palabra lejana, si no está precedida del cambio profundo en cada uno de nosotros. Si miramos la muerte desde lejos, sin darnos cuenta de que esta insensibilidad tan nuestra nos reduce a disonancia, cuando lo que de verdad necesitamos es hacer ruido. Ruido que haga temblar el paralelo del poder, empezando por el nuestro, el más cercano.
Solo así se garantiza la onda expansiva entre los pueblos, entre idiomas que se reconocen en la distancia.
No hay buenos ni malos, los hay malos y peores, y muertos muchos, detrás de un mundo desigual e intransigente, donde todavía convivimos dentro de la Torre de Babel, gobernados por los mismos de siempre.

LXXII

De pequeño estaba apuntado a un equipo de fútbol sala, también de fútbol once, me pasaba el día con el balón en los pies. 
Entrenaba bien, disfrutaba con el balón, acariciándolo en cada regate. 
Pero llegaba el día de partido y me paralizaba, veía el balón pasar una y otra vez, las piernas de mis compañeros, las de los jugadores del equipo contrario, el cielo, la arena del campo, la lluvia, el silencio.
Cada fin de semana era así, entre semana disfrutaba entrenado y el día del partido me paralizaba; para mí todos los partidos terminaban en drama, porque me daba mucho coraje esa parálisis momentánea que se apoderaba de mi.

Ahora 20 años después, llevo un tiempo desquitándome, cada vez que me subo a un escenario, en cada poema, en cada escena de teatro, hago las paces con el niño de entonces y disfruto tanto, tanto, tanto...

jueves, 11 de septiembre de 2014

martes, 9 de septiembre de 2014

LXX

Siembro cada noche
verbos nuevos
los saco a la ventana
a plena luz de luna

la suave caricia de marfil
los acaricia levemente
hasta que fuertes
pueden saltar del nido de la noche
hacia la suma de colores
del nuevo día.


domingo, 7 de septiembre de 2014

LXIX

Alimenta el verano

estado ideal
zumo de soles
poso de sueños

intercambio de olas
por huellas iguales

salvaje idioma
que se perpetúa
en la piel del cielo
como un tatuaje de marfil
a la orilla
de los días futuros.

martes, 2 de septiembre de 2014

LXVIII

El cielo es una pista deslizante
donde las estrellas
resisten poemas

Decía
que el cielo derrapa
en el intento de alcanzarse

toca con la punta de las horas
la orilla opuesta de la fe

Dios habita allí
cultivando las huellas de la historia
en cánones de belleza a trazos de barro

Yo escribo
con el cuchillo entre los dientes
y medio cuerpo dentro de la caverna,
asumiendo a duras penas
lo que pueda pasar.