domingo, 12 de abril de 2015

14

Era noviembre en el cielo 
el día de la fractura. 
Concretamente las nueve y seis.
Yo quería una muerte dulce, un ritmo que me meciese 
hasta perder la memoria del ombligo.
Pero fue un hacha, no un cuchillo fino, un telegrama o una voz en off.
Un continente de acero me separó la espina dorsal tantas veces como vidas tiene el tiempo.
Desde entonces no me busquéis en el verbo, perdí la capacidad de conjugar otros cuerpos.
Esquivo el contacto, mis labios no saben escribirse en otra historia.
Juro que a vuelcos de corazón hay mujeres que me desordenan los papeles.
Las intuyo entre mis huellas, las deseo tristemente, incapaz de hacerme un hueco en el impulso de acercarme.

Solo 
como un principiante 
que se enfrenta al silencio
sin armas de calor, 
vago entre las fotos de los días
consumiéndome en el intento de sentir
que hay alguien al otro lado.

13


Estamos enfermos de sistema. La vida es un cuadrado dentro de un círculo, donde vamos de un vértice a otro sin apenas ruido. A veces alguien se tira del balcón de las palabras, pero rápidamente viene la brigada de noticias a borrar los restos de libertad. 
La ciudad de los espejos nos devuelve la cara mansa de un hombre medio borrego.
La estrategia de lobo funciona, dicen las hienas del poder. 
Los parques virtuales florecen como abriles de neón, que modifican la soledad 
antes humana. Nos necesitamos más por menos tiempo. 
Nos necesitamos menos como si el tiempo fuera más.
Saltamos unos encima de otros, como buscando el horizonte de nuestro propio cuerpo que apenas hemos explorado.

12

Para escribir no hace falta acumular datos y relojes, quién la tiene más grande,cuántos libros me leí, cuántos corazones palmeé, cuántos premios literarios me volaron.
Tampoco es necesario ensalzar a un escritor al Olimpo, mientras se condena a otros tantos a la hoguera. 
Todo es mucho más simple, solo hay que imaginar el verso exacto. Pero el ruido es entretenido y muchas veces caemos en él, como las ninfas caen en las palmas de los magos.


11

Después de ensayar me siento pleno.
Mente y cuerpo se dan la mano y una sensación de bienestar recorre mi cuerpo,desde la cabeza hasta la punta de los pies.
Cada personaje es una ventana abierta a un mundo nuevo que probarse.



10


La poesía 
me salva del vacío 
dibujándose 
como una Diosa.

9

Podría hablar de la lluvia y decir: que la tierra huele a madre y que el instante que una gota se posa en mi hombro, es la celebración de estar aquí.
O también podría decir que siempre llueve y que la música se desplaza al otro lado, por más que pise los charcos de esta puta ciudad.

Todo depende del estado de ánimo.

8

El silencio es una ruta transitada por el grito, la tempestad, el placer
una imagen entre dos versos.
Da amplitud de onda 
y exige atención a cambio de belleza.