viernes, 10 de julio de 2015

88

Era un sombrero igual que cualquier otro. Tenía ese color claro cercano a la arena del desierto. Nadie cuestionó nunca su libertad, a pesar de la cinta negra que lo rodeaba, quizás porque en el lateral estaba atravesado por un conjunto de plumas, que podían ser tres o cuatro. 
Su diámetro albergaba sin saberlo unas manos de mujer que se decidieron a rescatarlo de un estante. Vivió lo suficiente para ser testigo del amor fugaz y la derrota. Cambió de continente y terminó sus días en la cabeza de un poeta.
Con él compartió recitales, lunas y labios, heridas también. Estaban tan unidos que era casi imposible distinguir dónde empezaba el poeta y dónde terminaba el sombrero.
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87


Soy yo casi todo el tiempo, salvo cuando me enamoro o me estrello contra un árbol. 
También soy un poco diferente cuando llueve o me subo a las tablas del teatro.

86

Hay una paloma en el tejado del fin del mundo
quizás sea la última vez que unos ojos viajan hacia afuera
el desierto es un plantío de semáforos sin carne 
la espina dorsal del vacío
el ángel que nunca terminó de romperse contra el suelo
la efigie gira el cuello 
oscila como un camello sin tacto
sus ojos se apagan con la intensidad del relámpago
navego tus piernas 
acomodando 
el anular en cada mancha o espacio
el universo
se contrae 
como el lenguaje
qué importa ya la muerte
mientras se hace el silencio 
que precede al éxtasis.

85

Ayer era mañana 
porque la noche me sorprendió 
hablando de antorchas encendidas

La plaza era una suma voces y dudas,
los cuerpos resplandecían con esa intensidad
que precede a la luna
Los niños movían la pelota de un lado a otro,
esquivando camareros como árbitros o equilibristas

y tú y tu vestido blanco 
brindabais conmigo 
con la trascendencia leve 
que la vida adopta 
cuando el sonido del cristal 
sustituye coordenada o viento

¿qué sucedió 
¿te fuiste quizás?
Vi una silueta de mujer
caminando calle abajo,
llevaba el pelo recogido
los hombros libres, la piel exacta
Desapareció entre la multitud 
haciendo silencio a cada pisada

84

Escribir simple, directo
no consiste en saltarse el camino, 
la búsqueda
Escribir no es vomitar el grito 
saltarse las proporciones,
comerle la boca a la musa
Recuérdalo poeta top, 
mago de la inmediatez 
cuando te veas a ti mismo 
rodeado de aplausos 
sacando conejos de la chistera

No son conejos, amigo
tampoco aplausos.

83

Existe tu cuello 
es
un instante de luz 
sobresaliendo del poema

le hablo como se habla a los cuellos, con la piel a punto de huella
le digo: hay una mujer que te habita desde el hombro hasta alba,
esa a la que yo descubro a distancia de verso cuando la soledad no me alcanza.