Abres las piernas el mundo se divide en un circulo que me atrapa tu piel es el imperio un ecosistema capaz de redefinir todos los parámetros, todas las palabras.
Suenan los tambores, en cualquier momento un ejercito de orcos atravesará la Castellana arrasando los resortes de este martes que está apunto de morir a las puertas de la noche.
Una vez el poeta es conocido por la masa virtual, después de integrarse en un grupo, de publicar religiosamente de ser invitado a recitales como palmadas recíprocas Adquiere la capacidad de escribir cualquier cosa, sin importar la distancia de sus pies a la belleza de las formas sacrificando lenguaje e imágenes, ya que por muy deficiente que sea su nuevo poema encontrará el respaldo popular.
Me gustaría ver más árboles y menos edificios. Caminar cada día entre las hojas. Leer todo lo que quisiera, escribir también tantos poemas como huellas tiene una vida. Hacer el amor todos los días de todos los meses. Imaginar, desbloquear cielos, construir idiomas desde las tablas de un teatro. Vivir, viajar, reír. Lejos del ancla de ciudad, lejos, muy lejos de esta rutina de telediario.
En el metro las paradas son paréntesis vacíos, horizontes planos Suelo desvincularme de ellas Cuando dicen: Callao, Nueva Numancia yo digo: Macondo, Bree.
Tengo una inclinación natural a escribir poemas de madrugada cuando vuelvo de la noche, justo en esa hora en la que el estómago dicta argumentos, flechas que prenden huecos, tímidas razones. La soledad apenas puede sostenerme en ese momento en el que me gustaría ser mucho más que yo.
Aterrizo en Madrid, esa ciudad asediada de versos, donde en cada esquina se anuncia un evento poético. Tengo deseos de escuchar a algunos poetas que todavía no he disfrutado en directo y por otra parte siento la necesidad de desatar mi voz. Espero cumplir ambos deseos muy pronto.