domingo, 21 de diciembre de 2014

CCLI


Se instala una calma en la noche
Observo las luces de ciudad
desde el otro lado de la ventanilla.
Llueve

sábado, 6 de diciembre de 2014

CCL

Y porqué no escribir para ti
que el objetivo sea tocarte

olvidando todo lo accesorio,
las pautas de micrófono, los grandes poetas
la línea divisible del mar, los dioses

escribir como si fuera imposible, plantando la vida en ello
aunque nunca llegues a saberlo
incluso teniéndome
a tu lado


no me importa.

CCXLIX

Abres las piernas 

el mundo se divide 
en un circulo que me atrapa 

tu piel es el imperio
un ecosistema capaz de redefinir
todos los parámetros,
todas las palabras.

CCXLVIII

Decir por ejemplo rojo
y pensar en los labios
calientes y exactos de esa mujer
tan jugosos como la primera vez
que tus papilas jugaron a ser 
todos los sentidos.

CCXLVII

Suenan los tambores,  
en cualquier momento 
un ejercito de orcos 
atravesará la Castellana 
arrasando los resortes de este martes 
que está apunto de morir a las puertas de la noche.

CCXLVI

Cuántas veces
han intentado
las torres Kio
recortar el cielo, acercarse
como un intento de conquista
del hombre a la cima azul 
el cielo responde que el mar
y la nube, que los sueños
son libres eternos.

CCXLV

Una vez el poeta es conocido por la masa virtual,
después de integrarse en un grupo, de publicar religiosamente
de ser invitado a recitales como palmadas recíprocas
Adquiere la capacidad de escribir cualquier cosa,
sin importar la distancia de sus pies a la belleza de las formas
sacrificando lenguaje e imágenes,
ya que por muy deficiente que sea su nuevo poema
encontrará el respaldo popular.


CCXLIV

Es tan difícil
digerir las piedras 
lo intento,
abro la boca con cuidado
de que el frío no me roce el labio
trago.

CCXLIII

Nadie,
nado
ensancho la pupila azul
intento hablar un idioma distinto
la realidad me traga
Nado,
nadie
los mensajes se acumulan
como sueños de vapor
el horizonte es una profecía exacta.

CCXLII

Me gustaría ver más árboles y menos edificios. 
Caminar cada día entre las hojas.
Leer todo lo que quisiera,
escribir también tantos poemas como huellas tiene una vida. 
Hacer el amor todos los días de todos los meses. 
Imaginar, desbloquear cielos, construir idiomas desde las tablas de un teatro. 
Vivir, viajar, reír. 
Lejos del ancla de ciudad, lejos, muy lejos de esta rutina de telediario.

CCXLI

En el metro las paradas son paréntesis vacíos, horizontes planos
Suelo desvincularme de ellas
Cuando dicen: Callao, Nueva Numancia
yo digo: Macondo, Bree.

domingo, 23 de noviembre de 2014

CCXL

Tengo una inclinación natural 
a escribir poemas de madrugada cuando vuelvo de la noche, 
justo en esa hora en la que el estómago dicta argumentos,
flechas que prenden huecos, tímidas razones.

La soledad apenas puede sostenerme
en ese momento en el que me gustaría ser mucho más que yo.

CXXXIX

Arroja los ojos
en el intento
de dibujar un atardecer 
Si nada veo, dice
quizás pueda llegar
a lo profundo
de esta herida azul.

CXXXVIII

Desatémonos las normas
que ningún cielo venga a decirnos: esto es una nube, esto es una cruz 
que nada sea evidente
en el poema 
permitámonos la posibilidad
de rozar el vientre de la duda a cada palmo,
acariciando todas las luces del umbral.

CXXXVII

Aterrizo en Madrid, 
esa ciudad 
asediada de versos, 
donde en cada esquina 
se anuncia 
un evento poético.


Tengo deseos de escuchar a algunos poetas 

que todavía no he disfrutado en directo 
y por otra parte siento la necesidad de desatar mi voz.
Espero cumplir ambos deseos muy pronto.